Mi madre iba con muchísimo tiento en la oscuridad por el pasillo que conducía al saloncito, cuando mi tío Toby pronunció la palabra esposa.—Es de por sí un sonido agudo y penetrante, y Obadías había contribuido a ello al dejar la puerta un poco entreabierta, de modo que mi madre oyó lo suficiente como para imaginarse que era ella el tema de la conversación; así pues, cruzando el borde de un dedo sobre sus dos labios—conteniendo la respiración, inclinando un poco la cabeza hacia abajo y con un torcimiento de cuello—(no hacia la puerta, sino apartándola, con lo que su oído quedó pegado a la rendija)—escuchó con todas sus fuerzas:⸺el esclavo atento, con la Diosa del Silencio a sus espaldas, no habría podido ofrecer una idea más fina para un entalle.
En esta actitud estoy resuelto a dejarla estar durante cinco minutos: hasta poner al corriente los asuntos de la cocina (como Rapin los de la Iglesia) en el mismo periodo.