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nydus/The Life and Opinions of Tristram Shandy, GentlemanPublic
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Table of Contents

IV

Sé que hay lectores en el mundo, así como muchas otras buenas personas en él, que no son lectores en absoluto, y que se sienten incómodos a menos que se les revele todo el secreto, de principio a fin, de todo lo que a ti concierne.

Es en pura complacencia a este capricho suyo, y por una reluctancia en mi naturaleza a desilusionar a alma viviente alguna, que he sido ya tan minucioso.

Como es probable que mi vida y mis opiniones den que hablar en el mundo y, si no me equivoco, abarquen a todas las clases, profesiones y denominaciones de hombres posibles,⁠—que no sean leídas menos que el propio Progreso del Peregrino⁠— y, a fin de cuentas, resulten ser aquello mismo que Montaigne temía que llegaran a ser sus Ensayos, esto es, un libro de ventana de salón;⁠—juzgo necesario consultar un poco a cada cual a su turno; y por ello debo pedir perdón por continuar un poco más en la misma línea:

Por cuya razón, me alegro sobremanera de haber comenzado la historia de mí mismo de la manera en que lo he hecho; y de ser capaz de seguir adelante, rastreando todo en ella, como dice Horacio, ab Ovo.

Horacio, bien lo sé, no recomienda del todo esta usanza: mas ese caballero habla únicamente de un poema épico o de una tragedia;⁠—(olvido cuál),⁠—además, de no ser así, tendría que pedirle perdón al señor Horacio;⁠—pues al escribir lo que he emprendido, no me ceñiré ni a sus reglas, ni a las reglas de ningún hombre que haya vivido.

A aquellos, sin embargo, que no decidan remontarse tan lejos en estas cuestiones, no puedo darles mejor consejo que el de saltarse la parte restante de este capítulo; pues declaro de antemano que está escrito únicamente para los curiosos e inquisitivos.

Cierra la puerta. Fui engendrado en la noche, entre el primer domingo y el primer lunes del mes de marzo del año del Señor de mil siete cientos y dieciocho. Estoy seguro de ello.⁠—Pero el cómo llegué a ser tan sumamente preciso en el relato de un suceso que ocurrió antes de que yo naciera, se debe a otra pequeña anécdota conocida tan solo en nuestra propia familia, pero que ahora se hace pública para una mejor aclaración de este punto.

Mi padre, habéis de saber, que había sido en un principio comerciante en el Levante, pero que se había retirado de los negocios hacía ya algunos años con el fin de ir a pasar sus últimos días a su patrimonio ancestral en el condado de ⸻, era, según creo, uno de los hombres más metódicos en todo lo que hacía, ya se tratara de asuntos de negocios o de pasatiempos, de cuantos han vivido.

Como pequeña muestra de esta extrema precisión suya, de la que en verdad era esclavo,⁠—se había impuesto como regla durante muchos años de su vida,⁠—el primer domingo por la noche de cada mes a lo largo de todo el año,⁠—tan cierto como que llegaba la noche del domingo,⁠⸺⁠dar cuerda con sus propias manos a un gran reloj de pared que teníamos en lo alto de la escalera de servicio:⁠—Y hallándose entre los cincuenta y los sesenta años de edad por la época de que vengo hablando,⁠—había adaptado asimismo gradualmente algunos otros pequeños asuntos familiares al mismo momento, con el objeto, como solía decir a menudo a mi tío Toby , de despacharlos todos de una vez y no verse más atormentado ni molestando con ellos durante el resto del mes.

Fue con una sola desgracia, que, en gran medida, recayó sobre mí mismo, y cuyas consecuencias temo llevar conmigo hasta la tumba; a saber, que a partir de una desafortunada asociación de ideas, que no tienen conexión en la naturaleza, sucedió al fin que mi pobre madre nunca podía oír dar cuerda al citado reloj,⁠—sin que los pensamientos de otras cosas acudieran inevitablemente a su cabeza⁠—y viceversa:⁠—Cuyo extrañísimo maridaje de ideas, el sagaz Locke, quien ciertamente entendía la naturaleza de estas cosas mejor que la mayoría de los hombres, afirma que ha producido más acciones torcidas que todas las demás fuentes de prejuicios juntas.

Pero esto viene a cuento de otra cosa.

Ahora bien, consta por un memorando en la chequera de mi padre, que ahora reposa sobre la mesa, que «el día de la Anunciación, que fue el 25 del mismo mes en que fecha mi genitura,⸺mi padre emprendió su viaje a Londres con mi hermano mayor Bobby para dejarlo instalado en la escuela de Westminster»; y, como consta por la misma autoridad, «que no regresó junto a su esposa y su familia hasta la segunda semana de mayo siguiente»,⸺esto deja la cosa casi en la certeza.

Sin embargo, lo que sigue al principio del siguiente capítulo lo pone fuera de toda posibilidad de duda.

⸻Pero, os ruego, señor, ¿qué estaba haciendo vuestro padre durante todo diciembre, enero y febrero?

⁠⸺⁠Pues bien, señora, —estuvo todo ese tiempo achacado de ciática.

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