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nydus/The Life and Opinions of Tristram Shandy, GentlemanPublic
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V

Como el puesto de Tom, con la venia de su señoría, era desahogado⁠—y el tiempo cálido⁠—, eso le indujo a pensar seriamente en sentar cabeza en el mundo; y dándose la casualidad por entonces de que un judío que tenía una tienda de salchichas en la misma calle tuviera la mala pata de morir de una estranguria, dejando a su viuda en posesión de un negocio boyante⁠— Tom pensó (como todo el mundo en Lisboa hacía lo mejor que se le ocurría para salir adelante) que no habría mal alguno en ofrecerle sus servicios para continuarlo: así que, sin más presentación ante la viuda que la de comprar una libra de salchichas en su tienda⁠—, Tom se puso en camino⁠—haciendo este cálculo para sus adentros mientras caminaba: que, cayera la breva que cayera, al menos sacaría una libra de salchichas por su valor⁠— pero que, si las cosas iban bien, se vería colocado; por cuanto conseguiría no solo una libra de salchichas⁠— sino una mujer y⁠—una tienda de salchichas, con la venia de su señoría, de yapa.

Todos los criados de la casa, de alto a bajo, le deseaban éxito a Tom; y me figuro, si le place a su señoría, que lo veo en este preciso momento con su chaleco y sus calzones de felpa blanca, y el sombrero un poco de lado, pasando alegremente por la calle, balanceando su bastón, con una sonrisa y una palabra afectuosa para todo el que encontraba:⁠⸺⁠¡Pero ay! ¡Tom! Ya no sonríes más, exclamó el cabo, mirando a un lado hacia el suelo, como si le dirigiera la palabra en su calabozo.

—¡Pobre hombre! —dijo mi tío Toby, con sentimiento.

Era un muchacho honrado y alegre, con la venia de su señoría, como jamás la sangre hubo calentado⁠⸺⁠

⸺⁠Entonces se parecía a ti, Trim —dijo mi tío Toby con rapidez—.

El cabo se sonrojó hasta la punta de los dedos; una lágrima de timidez sentimental —otra de gratitud hacia mi tío Toby— y una lágrima de tristeza por las desgracias de su hermano, brotaron en su ojo y rodaron dulcemente juntas por su mejilla; la de mi tío Toby se encendió como una lámpara con otra; y asiéndole de la pechera de la casaca a Trim (que había sido la de Le Fever), como para aliviar su pierna coja, pero en realidad para satisfacer un sentimiento más noble⁠— se quedó en silencio durante minuto y medio; al término del cual retiró la mano y el cabo, haciendo una reverencia, prosiguió con la historia de su hermano y la viuda del judío.

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