Cuando Tom, con la venia de su señoría, llegó a la tienda, no había nadie en ella más que una pobre negrita, con un manojo de plumas blancas ligeramente atado al extremo de una larga caña, espantando moscas —no matándolas—. ¡Es una estampa bonita! —dijo mi tío Toby—; había sufrido persecución, Trim, y había aprendido la compasión—
⸺Era buena, con la venia de su señoría, por naturaleza, tanto como por los reveses; y hay circunstancias en la historia de esa pobre muchacha desamparada, que le ablandarían el corazón a una piedra, dijo Trim; y alguna mísera tarde de invierno, cuando su señoría esté de humor, se le contarán junto con el resto de la historia de Tom, pues forma parte de ella⸺
—Entonces no lo olvides, Trim —dijo mi tío Toby.
—¿Un negro tiene alma? and please your honour, dijo el cabo (con duda).
—No estoy muy versado, cabo —dijo mi tío Toby—, en cosas de esa liza; pero supongo que Dios no lo dejaría sin una, ni más ni menos que a ti o a mí⸺
⸺Eso sería poner a uno tristemente por encima del otro —dijo el cabo.
—Así sería —dijo mi tío Toby—. ¿Por qué razón entonces, si a su señoría le place, se ha de tratar a una muchacha negra peor que a una blanca?
No puedo dar ninguna razón, dijo mi tío Toby ⸻
⸺Tan solo, exclamó el cabo, meneando la cabeza, porque no tiene a nadie que la defienda⸺
⸺Es eso mismo, Trim —dijo mi tío Toby—, lo que la recomienda para su protección y con ella a sus hermanos; es la fortuna de la guerra la que ha puesto el látigo en nuestras manos ahora —dónde estará en el futuro, ¡lo sabe Dios!—, ¡pero esté donde esté, el valiente, Trim! no lo usará con crueldad.
⸺Dios me libre, dijo el cabo.
Amén —respondió mi tío Toby, poniendo una mano sobre el corazón—.
El cabo volvió a su relato, y continuó—pero con una turbación al hacerlo que aquí y allá algún lector en este mundo no podrá comprender; pues debido a las muchas transiciones repentinas a lo largo de su camino, de una pasión bondadosa y cordial a otra, al llegar hasta este punto de su trayecto había perdido la clave ágil de su voz, que daba sentido y espíritu a su cuento; intentó dos veces recuperarla, pero no logró convencerse a sí mismo; así que, dando un fuerte ¡ejem! para congregar a los espíritus huidizos, y ayudando al mismo tiempo a la naturaleza con el brazo izquierdo en jarras a un lado, y con el derecho un poco extendido, sosteniéndola por el otro—el cabo se arrimó cuanto pudo a la nota; y en esa actitud, prosiguió su historia.