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nydus/The Life and Opinions of Tristram Shandy, GentlemanPublic
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XVII

Estos ataques de la señora Wadman, fácilmente comprenderéis que eran de distintas clases; variando los unos de los otros, como los ataques de que está llena la historia, y por las mismas razones. Un observador superficial apenas los admitiría como ataques en absoluto⁠⸺⁠o, si lo hiciese, los confundiría todos⁠⸺⁠, pero yo no escribo para ellos: ya habrá tiempo de ser un poco más exacto en mis descripciones de los mismos, a medida que me acerque a ellos, lo cual no ocurrirá hasta dentro de unos cuantos capítulos; no teniendo más que añadir en este, sino que en un atado de papeles y dibujos originales que mi padre se cuidó de enrollar por separado, hay un plano de Bouchain en perfecto estado (y así se mantendrá mientras tenga el poder de conservar algo), en cuyo rincón inferior, en el lado derecho, aún subsisten las marcas de unos dedos manchados de rapé, los cuales hay todas las razones del mundo para imaginar que eran de la señora Wadman; pues el margen opuesto, que supongo que era el de mi tío Toby, está totalmente limpio: Este parece ser un registro autenticado de uno de dichos ataques; ya que hay vestigia de las dos perforaciones medio cerradas, pero todavía visibles en la esquina opuesta del mapa, que son indudablemente los agujeros mismos a través de los cuales fue prendido en la garita⁠⸺⁠

¡Por todo lo que hay de sacerdotal! Valoro esta preciosa reliquia, con sus estigmas y punciones, más que todas las reliquias de la iglesia romana⁠—salvo siempre, cuando escribo sobre estos asuntos, las punciones que penetraron la carne de santa Radegunda en el desierto, las cuales, en tu camino de Fesse a Cluny, las monjas de ese nombre te mostrarán por amor.

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