No importa—como accesorio de costura, el papel para hilos podía tener cierta importancia para mi madre—ninguna para mi padre, como marca en el Slawkenbergius. El Slawkenbergius, en cada una de sus páginas, era para mi padre un rico tesoro de inexhaustible conocimiento—no podía abrirlo por mal sitio; y a menudo decía al cerrar el libro que, si todas las artes y ciencias del mundo, con los libros que trataban de ellas, se perdieran—si la sabiduría y las políticas de los gobiernos, solía decir, por desuso llegaran jamás a olvidarse, y todo lo que los estadistas habían escrito, o hecho escribir, sobre los lados fuertes o débiles de las cortes y los reinos, si llegara a olvidarse también—y solo quedara el Slawkenbergius⸺habría lo suficiente en él, con toda la conciencia del mundo, solía decir, para poner otra vez el universo en marcha. ¡Un tesoro era, por tanto, en verdad! un compendio de todo lo necesario que había que saber sobre narices y sobre cualquier otra cosa—a maitines, mediodía y vísperas, Hafen Slawkenbergius era su distracción y delicia: estaba sin cesar en sus manos⸺habría jurado usted, señor, que se trataba del breviario de un canónigo—tanto estaba de desgastado, de lustroso, de contrito y atrito por los dedos y por los pulgares en todas sus partes, desde un extremo hasta el otro mismo.
No soy tan intolerante con Slawkenbergius como mi padre;⸺hay un fondo en él, sin duda: pero, en mi opinión, la parte mejor, no digo la más provechosa, sino la más entretenida de Hafen Slawkenbergius, son sus cuentos⸻y, considerando que era alemán, muchos de ellos contados no sin fantasía:⸻estos ocupan su segundo libro, que contiene casi la mitad de su infolio, y están comprendidos en diez décadas, cada una de las cuales contiene diez cuentos⸻¡La filosofía no se construye sobre cuentos; y por lo tanto fue ciertamente un error por parte de Slawkenbergius darlos a conocer al mundo bajo ese nombre!⸺hay unos pocos de ellos en su octava, novena y décima décadas, que confieso parecen más juguetones y traviesos que especulativos—pero en general deben ser considerados por los eruditos como un detalle de otros tantos hechos independientes, todos los cuales giran de un modo u otro sobre los ejes principales de su asunto, y fueron recopilados por él con gran fidelidad y añadidos a su obra como otras tantas ilustraciones sobre las doctrinas de las narices.
Como tenemos tiempo de sobra⸺si me da usted vienes, señora⸺, le contaré el noveno cuento de su décima década.