Ahora bien, hay una tal infinidad de notas, tonadas, modismos, cantos, aires, miradas y acentos con los que la palabra pichilí puede pronunciarse en todos los casos como este, impregnando cada uno de ellos un sentido y un significado tan diferente del otro como la suciedad de la limpieza —que los Casuistas (pues es un asunto de conciencia en ese sentido) computan no menos de catorce mil modos en los que uno puede obrar bien o mal.
La señora Wadman dio con la tecla, lo cual hizo subir toda la sangre modesta a las mejillas de mi tío Toby; de modo que, sintiendo en su interior que de un modo u otro se había metido en aguas más profundas de las que abarcaba, se detuvo en seco; y sin entrar más en los dolores ni en los placeres del matrimonio, se puso la mano en el corazón y le propuso aceptarlos tal como eran y compartirlos junto con ella.
Cuando mi tío Toby hubo dicho esto, no le apeteció volver a decirlo; de modo que, clavando los ojos en la Biblia que la señora Wadman había dejado sobre la mesa, la tomó; y dando, ¡alma de cántaro!, con un pasaje en ella que entre todos le resultaba el más interesante —a saber, el asedio de Jericó—, se puso a leerlo de nuevo, dejando que su propuesta de matrimonio, al igual que hiciera con su declaración de amor, obrase en ella a su propia manera.
Ahora bien, aquello no obró ni como astringente ni como laxante; ni como opio, ni quina, ni mercurio, ni espino cerval, ni como ningún otro medicamento que la naturaleza le hubiere concedido al mundo; en resumen, no obró en ella en absoluto, y la causa de ello fue que allí dentro ya había algo obrando previamente⸺¡Charlatán que soy! ¡He adelantado de qué se trataba una docena de veces!; pero aún queda fuego en el asunto⸺allons.