primavera de 1864, exactamente diez años después de mi graduación en Yale y con tiempo de sobra para asistir a la reunión decenal de mi promoción en julio. Haskins y su familia se me habían adelantado en otro vapor rumbo a Nueva York, para poder ponerse a trabajar en los planos y las especificaciones del taller y la maquinaria y tenerlos terminados lo antes posible.
En 1864, el último año de la gran Guerra Civil, casi todos los talleres mecánicos del país, especialmente en Nueva Inglaterra, estaban ocupados en la ejecución de pedidos del gobierno, y era muy difícil conseguir que se encargaran de mi maquinaria. Finalmente, Haskins logró que la Putnam Machine Co., de Fitchburg, MA, completara el pedido.
Mientras que a Haskins se le encomendó la entera responsabilidad de supervisar la ejecución del pedido, el cual requirió al menos seis meses antes de que la maquinaria pudiera estar lista para su envío a China, aproveché el ínterin para escaparme a New Haven y asistir a la reunión decenal de mi promoción.
Fue para mí un acontecimiento jubiloso y me felicité por haber tenido la buena suerte de estar presente en nuestra primera reunión. Por supuesto, el acontecimiento que me trajo de vuelta al país fue del todo modesto y apenas había atraído la atención pública en su momento, ya que el país entero estaba por completo absorto en el último año de la gran Guerra Civil; sin embargo, en lo personal, consideraba mi encargo como un paso inevitable y preliminar que conduciría en última instancia a la realización de mi proyecto educativo, el cual no se había apartado de mi mente ni por un solo momento.
Pero en la reunión de mi promoción, este tema de mi plan de vida no salió a relucir. Pasamos un rato muy agradable y nos despedimos con casi el mismo sentimiento fraternal que caracterizó nuestra despedida en la graduación.