Al final de la entrevista, fui a casa a ver a mi madre quien, tras ciertas reticencias, dio su consentimiento. Regresé a Macao, me despedí del sacerdote quien, aunque reticente y reservado, sin haberme dirigido ni una sola palabra durante los cuatro meses que estuve a su servicio, sin embargo no encontró faltas en mi trabajo.
Fui al hospital. El Dr. Hobson me puso inmediatamente a trabajar con el mortero y la mano, preparando ingredientes para ungüentos y píldoras. Solía llevar una bandeja y le acompañaba en su ronda para visitar a los pacientes, en la benévola labor de aliviar sus dolores y sufrimientos.
Estuve con él unos dos meses en la labor del hospital, al cabo de los cuales me llevó un día y me presentó al Rvdo. Samuel Robins Brown, profesor de la Escuela de la Sociedad Educativa Morrison.