más bien, el astrónomo, que de algún modo había averiguado los antecedentes de Wing, buscó su conocimiento con el fin de hablar de astronomía con él. En repetidas entrevistas a través de las cuales su relación avanzó hasta alcanzar un mutuo afecto amistoso, Wing, quien se había llevado de la universidad un conocimiento de la astronomía mejor que el de la mayoría de los graduados, le contó todo lo que sabía, lo cual constituía un gran avance respecto a sus propias adquisiciones previas en esa ciencia. Este astrónomo era un oficial del gran Tsang Kwoh Fan, virrey de las provincias de Kiang Su y Kiang Nan, generalísimo de las fuerzas imperiales y uno de los hombres más prominentes y destacados de todo el Imperio. A través de las representaciones que le hizo el astrónomo, este no tardó en enviar un mensaje a Yung Wing expresando su deseo de verlo, y sugiriendo la intención de tomarlo a su servicio. Aunque respondió favorablemente al mensaje, dadas todas las circunstancias y por razones que no pueden explicarse, Wing tardó un tiempo considerable en acudir a su llamada en persona. La situación era delicada y requería por su parte extrema cautela y circunspección.
Pero al fin hizo a Tsang Koh Fan la visita prometida. Sintió que la ocasión era crítica y, al ser conducido a la presencia del gran hombre, le resultó difícil conservar la compostura. Tsang Koh Fan clavó primero en él una mirada larga, intensa y penetrante. Como cuenta Wing, jamás en su vida le habían mirado de la manera en que lo hicieron entonces. Luego, mandando que tomara asiento, le exigió un relato de su historia, el cual él dio. A continuación, le preguntó acerca de sus opiniones respecto a China: sus necesidades, su perspectiva, su política pública, etcétera. Siguió una larga conversación en la que el virrey expuso sus puntos de vista, los cuales Wing escuchó con asombro. Pues, he aquí, este era un hombre como el que él no había supuesto que existiera en ese país —un hombre criado en China, y además ya no joven— que tenía luz en la