Mis amigos de entonces me consideraban un excéntrico por renunciar a un puesto que me reportaba 200 taeles al mes por algo incierto e inexplorado. A su juicio, aquello era el colmo de la insensatez. No se imaginaban lo que yo pretendía.
Tenía un historial impecable y mi intención era mantenerlo así. Era perfectamente consciente de que, en menos de un año desde mi regreso a China, había cambiado de rumbo tres veces. Yo mismo empezaba a pensar que era demasiado voluble para lograr algo sustancial, o que era demasiado soñador para ser práctico, o demasiado orgulloso para triunfar en la vida.
Pero en una vida intensa es necesario ser un soñador para alcanzar lo posible. No hemos sido llamados a la existencia simplemente para trabajar como bestias por la mera subsistencia. Me había costado mucho esfuerzo lograr mi educación, y sentía que debía aprovechar al máximo lo poco que tenía, no tanto para beneficio personal como para convertirlo en una bendición común para mi raza. Con estos cambios y mudanzas solo intentaba encontrar mi verdadero rumbo y descubrir cómo podía ser una bendición para China.