estadounidense, y que, como tomaría al menos seis meses completarla, estaba deseoso de ofrecer mis servicios al gobierno mientras tanto como prueba de mi lealtad y patriotismo hacia mi país adoptivo. Le interesó bastante y le complació lo que le dije.
—Bueno, mi joven amigo —dijo—, le agradezco mucho su ofrecimiento, pero ya que tiene la encomienda de cumplir con una importante responsabilidad para el gobierno chino, es mejor que regrese a Fitchburg para ocuparse de ella. Tenemos suficientes hombres para servir, tanto de mensajeros como de combatientes para ir al frente.
Contra esta decisión categórica ya no pude argüir nada más, pero sentí que al menos había cumplido con mi deber hacia mi patria adoptiva.