Yung Wing se encontraba por entonces bajo la autoridad oficial del último de los nombrados, quien, al ser convocado a Tientsin, le mandó decir —pues se hallaba lejos de él— que se uniera a la Comisión en Tientsin a la mayor brevedad, ya que sus servicios serían necesarios allí.
Wing, aunque se dio prisa, llegó tarde al lugar de los hechos y encontró el asunto concluido. Pero al recibir un relato de las dificultades que habían acompañado su tramitación, y al observar que los comisionados eran conscientes de su desventaja en el mismo, percibió una ocasión propicia para dar un golpe en favor de su proyecto, y la aprovechó al máximo.
Volvió a exponer sus argumentos, reforzándolos con el ejemplo del caso que tenían entre manos, e insistió con el mayor ahínco en que no debía haber demora. Y esta vez prevaleció.
Los tres amigos de su idea, al encontrarse juntos y apoyarse mutuamente, acordaron allí mismo tomar medidas de inmediato para llevar a cabo lo que él proponía, y volcarían su influencia unida ante el Gobierno en su favor. Cumplieron su acuerdo. Estamparon sus firmas en un memorial en el que recomendaban la educación de un cuerpo de jóvenes en el extranjero para el servicio del Gobierno y a expensas de este.
Dicho memorial lo remitieron a Pekín, donde lo respaldaron por todos los medios a su alcance, con el resultado de que en el mes de agosto de 1871 la medida recomendada fue adoptada por el Gobierno imperial y se destinó una suma equivalente a 1.500.000 dólares para su ejecución.
El mandarín Yung Wing apenas podía contener la alegría de su triunfo. Durante dos días, según le ha contado al autor, no pudo comer ni dormir.