De hecho, tuve poco o nada que decir mientras estuve en presencia del Sr. Roberts, ni intenté darle a conocer quién era. Lo había visto a menudo en Macao, en la escuela de la Sra. Gutzlaff, veinte años antes o más, y lo reconocí al instante tan pronto como puse los ojos en él. Ciertamente me pareció anciano, vestido con su túnica de gala de raso amarillo y moviéndose sin prisa con sus torpes zapatos chinos. Exactamente en qué calidad estaba actuando en Nankín, no lograba saberlo; si aún como consejero religioso de Hung Siu Chune, o desempeñando el papel de secretario de estado de la Dinastía Taiping, nadie parecía capaz de decirlo.
Al día siguiente (el 19 de noviembre) fui invitado a visitar a Kan Wong. Era sobrino de Hung Siu Chune, el líder rebelde que ostentaba el título de Tien Wong o Soberano Celestial. Antes de que Hung Jin viniera a Nankín, había hecho su conocimiento, en 1856, en Hong Kong. Por entonces estaba vinculado a la Asociación de la Misión de Londres como predicador nativo y se encontraba bajo la tutela del Dr. James Legge, el ilustre traductor de los clásicos chinos. Lo frecuenté bastante durante mi estancia en Hong Kong y ya entonces había manifestado su deseo de verme algún día en Nankín. Por entonces se llamaba Hung Jin, pero desde que se había unido a su tío en Nankín, había sido elevado al rango de príncipe. Kan significa «Protector», y Kan Wong designa al «Príncipe Protector». Me saludó con mucha cordialidad y evidentemente se alegró de verme. Tras el intercambio habitual de cortesías, quiso saber qué pensaba de los Taipings; si tenía suficiente buena opinión de su causa como para alistarme en ella. En respuesta, le dije que no tenía la intención de ligar mi suerte a la de ellos, sino que había venido simplemente a verlo y a presentarle mis