La entrevista difirió de la que me concedió Tsang Kwoh Fan en 1863, en que Tsang ya se había decidido sobre lo que quería hacer por China, y yo le había sido señalado para llevarlo a cabo. Pero en el caso de Chang Chi Tung, no tenía ningún plan formado para China en ese momento, y lo que le expuse en la entrevista era totalmente nuevo y algo radical; sin embargo, el final de la guerra con Japón justificaba que presentara tales puntos de vista, ya que había sido llamado precisamente a causa de esa guerra. Si hubiera sido un estadista tan de miras amplias como su predecesor, Tsang Kwoh Fan, podría haberme dicho algo para animarme a albergar al menos un ápice de esperanza de que iba a hacer algo para reformar la condición política del gobierno del país al término de la guerra. No obstante, no se dijo nada, ni siquiera se insinuó. De hecho, no volví a tener otra entrevista con él después de la primera. Antes de marchar de Nanking a Wu Chang, me otorgó el cargo de Secretario de Asuntos Exteriores de Kiang Nan.
A la llegada de Liu Kwan Yih, virrey permanente de las dos provincias de Kiang, Chang Chi Tung no me pidió que fuera a Wu Chang con él. Tomé esto como una clara indirecta de que ya no necesitaba mis servicios, de que yo no era el hombre adecuado para sus propósitos; y como no tenía ningún interés personal oculto, no hice ningún intento por buscar mi conveniencia. Por el contrario, tras una estancia de tres meses en Nankín bajo las órdenes del virrey Liu Kwan Yih, por respeto a la etiqueta oficial, renuncié a la secretaría, que era prácticamente una sinecura y pagaba unos 150 dólares al mes. Tal fue mi breve experiencia oficial con los virreyes Chang Chi Tung y Liu Kwan Yih.
Rompi mi relación oficial con el gobierno provincial de Kiang Nan en 1896 y establecí mi cuartel general en Shanghái, libre y sin ataduras para hacer lo que me placiera e ir a donde quisiera. Fue entonces cuando