edad adulta aquí entre nosotros, destinados a ocupar puestos de importancia en el gobierno y en la sociedad de su tierra natal, mejor equipados en todo salvo en la experiencia para hacer por esa tierra lo que más necesita ser hecho, e inspirados para su labor con un sentido más ilustrado del deber y la responsabilidad patrióticos que cualquier otro centenar de sus hijos de su generación. ¿Y quién puede prever o calcular las consecuencias que la Divina Providencia está preparando de este modo?
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Apéndice: Un discurso del Rvdo. Joseph H. Twichell
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