El golpe de Estado de 1898
El golpe de Estado de septiembre de 1898 fue un acontecimiento memorable en los anales de la dinastía Manchú. En él, el difunto emperador Kwang Su fue depuesto arbitrariamente; convertido traidoramente en prisionero de Estado; y vio sus prerrogativas y derechos como emperador del Imperio Chino arrebatados y usurpados por la difunta emperatriz viuda Chi Hsi.
Kwang Su, aunque fue coronado Emperador a la edad de cinco años, había ostentado siempre el cetro tan solo de nombre. Era Chi Hsi quien llevaba el timón del gobierno todo el tiempo.
Tan pronto como Kwang Su hubo alcanzado la mayoría de edad y comenzó a ejercer su autoridad como emperador, la mirada avizor de Chi Hsi jamás se desvió de él. Sus actos y movimientos eran vigilados con el más estricto escrutinio y se interpretaban de cualquier modo menos del correcto, debido a que su propia posición en el gobierno nunca había sido legítima ni directa desde 1864, año en que su primera regencia sobre su propio hijo, Tung Chi, despertó en ella una ambición de dominar y gobernar que llegó a convertirse en una pasión demasiado enfermiza y fuerte como para ser frenada.
En la afirmación de su verdadera virilidad, y en el ejercicio de su poder soberano, su determinación de reformar el gobierno lo convirtió de inmediato en el centro de atención de Pekín, dentro y fuera de Palacio. A los ojos de la emperatriz viuda Chi Hsi, cuya retina estaba oscurecida por actos perpetrados en aras de la usurpación y cegada por los celos, Kwang