Indudablemente, desde los años cincuenta, el trabajo manual, el viejo recurso en la preparación de tés para el consumo extranjero, ha mejorado mucho con miras a retener un gran porcentaje del comercio de té en China.
La razón por la cual un gran porcentaje del negocio del té ha pasado de China a la India no se debe a que se use maquinaria en un caso y se conserve el trabajo manual en el otro, sino principalmente a la calidad del té que se cultiva en los diferentes suelos de ambos países.
El té indio o de Assam es mucho más fuerte (en proporción a la misma cantidad) que el té chino.
El té indio es 2 a 1 en comparación con el chino en cuanto a fuerza, mientras que el té chino es 2 a 1 en comparación con el indio en cuanto a delicadeza y sabor.
El indio es basto y fuerte, pero el té chino es superior en la cualidad de su fino aroma.
La clase alta de bebedores de té en América, Europa y Rusia prefiere el té de China al indio, mientras que la clase trabajadora y común de esos países opta por el indio y el de Assam, debido a que son más fuertes y económicos.
En la última parte de agosto decidí regresar a Shanghái, no por el camino de Siang Tan, sino vía Hankáu, bajando por el río Yangtsé hasta Kiu Kang y cruzando el lago Poh Yang. Llegué a Hankáu de nuevo por segunda vez el 29 de agosto, habiendo salido de allí dos meses antes, en julio. Esta vez vine en un junco de Hunan cargado de té para Shanghái. En Ho Kow, en la orilla meridional del lago Poh Yang, tuve que seguir la misma ruta que tomé en marzo, y el 21 de septiembre desembarqué en