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nydus/Partners in CrimePublic
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VI. El caballero vestido de periódico

Una pequeña sonrisa de diversión apareció en los labios de sir Arthur.

—Me lo figuraba —dijo—. Pero esta vez no me atrapará, inspector, mucho me temo. Prefiero buscar mi propia salida.

Y, apoyando las manos en el alféizar, saltó limpiamente por la ventana.

Tuppence soltó un grito y se llevó las manos a los oídos para ahogar el sonido que ya se había imaginado: el ruido sordo y nauseabundo allá en el fondo. El inspector Marriot soltó una maldición.

“Tendríamos que haber pensado en la ventana”, dijo. “Aunque, fíjate bien, habría sido algo difícil de demostrar. Iré abajo y—y—me ocuparé de las cosas”.

—Pobre diablo —dijo Tommy despacio—. Si quería a su mujer...

Pero el Inspector lo interrumpió con un ronquido.

—¿Que si la quería? Eso es según se mire. No sabía ya ni a dónde acudir en busca de dinero. Lady Merivale tenía una gran fortuna propia, y toda fue a parar a sus manos. Si se hubiera fugado con el joven Hale, él no habría vuelto a ver ni un céntimo.

¿Eso era todo, no?

“Por supuesto, desde el principio intuí que sir Arthur era un mal bicho y que el capitán Hale era buena gente. En Scotland Yard sabemos bastante bien cómo son las cosas, pero es peliagudo cuando te topas con los hechos. Me voy a marchar ya; le daría un vaso de coñac a su mujer si fuera usted, señor Beresford; ha sido un asunto fastidioso para ella”.

“Verduleros”, dijo Tuppence en voz baja mientras la puerta se cerraba a espaldas del imperturbable inspector. “Carniceros. Pescaderos. Detectives. Tenía razón, ¿verdad? Él lo sabía”.

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