Tuppence—. Janet es una chica magnífica, y lo curioso es que adora de verdad a ese joven flojo. Se ve a simple vista lo que su familia necesita. Un poco de buena sangre roja. Janet será su salvación. Lo cuidará como una madre, le moderará los cócteles y los clubes nocturnos y hará que lleve una vida sana de buen caballero rural. Ven a conocerla.
Tuppence abrió la puerta de la oficina contigua y Tommy la siguió.
Una chica alta, de precioso cabello castaño rojizo y rostro agradable, dejó la tetera humeante que tenía en la mano y se volvió con una sonrisa que dejaba ver una hilera uniforme de dientes blancos.
—Espero que me perdone, enfermera Cowley... o señora Beresford, quiero decir. Pensé que con toda probabilidad le apetecería una taza de té a usted también. Muchas son las teteras que me ha preparado en el hospital a las tres de la mañana.
—Tommy —dijo Tuppence—, te presento a mi vieja amiga, la enfermera Smith.
—¿Smith, ha dicho? ¡Qué curioso! —dijo Tommy, estrechándole la mano—. ¿Eh? ¡Oh! Nada... un pequeño monográfico que estaba pensando en escribir.
—Contrólate, Tommy —dijo Tuppence.
Le sirvió una taza de té.
“Y bien, bebamos todos juntos. ¡Por el éxito de la Agencia Internacional de Detectives! ¡Los brillantes detectives de Blunt! ¡Que jamás conozcan el fracaso!”