su mayoría, creo. Señoras que vienen a pasar curas de reposo y todo ese tipo de cosas. En fin, aquí hay bastante tranquilidad, Dios sabe que sí. > Ella se echó a
Tuppence seleccionó apresuradamente unas cuantas tarjetas y las pagó.
—Ese que viene ahí es el coche del doctor Horriston —exclamó la muchacha.
Tuppence se apresuró hacia la puerta de la tienda.
Un pequeño biplaza iba pasando. Al volante iba un hombre alto y moreno, con una barba negra y bien arreglada y un rostro poderoso y desagradable. El coche siguió recto calle abajo.
Tuppence vio a Tommy cruzando la calle hacia ella.
“Tommy, creo que lo tengo. El sanatorio del doctor Horriston”.
“Me enteré en el