El caso de la dama desaparecida
El timbre en el escritorio del señor Blunt —(Agencia Internacional de Detectives, Gerente, Theodore Blunt)— emitió su llamada de advertencia. Tommy y Tuppence volaron ambos hacia sus respectivas mirillas, que ofrecían una vista de la oficina exterior. Allí era tarea de Albert entretener a los futuros clientes con diversos recursos artísticos.
—Ya veré, señor —estaba diciendo—. Pero mucho temo que el señor Blunt esté muy ocupado en este preciso momento. Está hablando por teléfono con Scotland Yard ahora mismo.
—Esperaré —dijo el visitante—. No llevo ninguna tarjeta conmigo, pero mi nombre es Gabriel Stavansson.
El cliente era un magnífico ejemplar de la virilidad, con más de seis pies de altura. Su rostro