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nydus/Partners in CrimePublic
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II

Sospechamos que no todo marcha como debiera en la Agencia Internacional de Detective. Me ofrezco como voluntario para averiguar si es así o no. Si el nuevo señor Blunt es en verdad un espía, sospechará, así que envío primero a mi viejo y querido amigo Carl Bauer. A Carl se le dice que actúe de manera sospechosa y que suelte una milonga improbable. Lo hace, y entonces aparezco yo en escena. Uso el nombre del inspector Marriot para ganarme la confianza. Lo demás es fácil.

Él se rio.

Tommy se moría por decir varias cosas, pero la mordaza en su boca se lo impedía. Además, se moría por hacer varias cosas⁠—principalmente con las manos y los pies⁠—pero, ay, de eso también se habían ocupado. Estaba bien atado.

Lo que más le asombraba era el asombroso cambio en el hombre que estaba de pie ante él. Como el inspector Dymchurch, el tipo había sido un inglés típico. Ahora, nadie lo habría confundido ni por un momento con otra cosa que no fuera un extranjero culto que hablaba un inglés perfecto sin rastro de acento.

“Coggins, mi buen amigo —dijo el otrora inspector, dirigiéndose a su cómplice de aspecto rufianesco—. Toma tu cachiporra y quédate junto al prisionero. Voy a quitarle la mordaza. Usted comprende, mi querido señor Blunt, ¿verdad?, que sería una estupidez criminal por su parte gritar. Pero estoy seguro de que sí. Para su edad, es usted un muchacho bastante inteligente”.

Con gran destreza le quitó la mordaza y dio un paso atrás.

Tommy aflojó la rígida mandíbula, pasó la lengua por el interior de la boca, tragó saliva dos veces y no dijo absolutamente nada.

—Le felicito por su mesura —dijo el otro—. Veo que comprende la situación. ¿No tiene absolutamente nada que decir?

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