vaciló y luego dijo de manera más bien desagradable:
“Le esperaremos entonces. Buenos días”.
—Chica divertida —dijo Tommy—. No terminaba de descifrarla.
—Me pregunto si robaría el objeto ella misma —comentó Tuppence meditabunda—. Venga, Tommy, guardemos estos libros, cojamos el coche y bajemos allí. A todo esto, ¿quién vas a ser tú, sigues siendo Sherlock Holmes?
—Creo que necesito práctica para eso —dijo Tommy—. Me di un buen batacazo con lo del billete de autobús, ¿verdad?
—Sí, lo hiciste —dijo Tuppence—. Si yo fuera tú, no intentaría sacarle demasiado a esa chica; es más lista que el hambre. También es infeliz, la pobrecita.
—Supongo que ya lo sabes todo sobre ella —dijo