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nydus/Partners in CrimePublic
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I. Una reunión en Londres

juego de golf fue atroz. Evidentemente, algo había ocurrido para sacarlo por completo de concentración.

Jugaron ese hoyo y el octavo, y entonces el capitán Sessle declaró abruptamente que la luz era pésima y que se marchaba a casa. Justo en ese punto hay otro de esos estrechos «senderos» que conducen a la carretera de Windlesham, y el capitán Sessle se marchó por ahí, lo cual era un atajo hacia su casa, un pequeño bungaló situado en la carretera en cuestión. Los otros dos jugadores se acercaron, el comandante Barnard y el señor Lecky, y a ellos les comentó Hollaby el repentino cambio de actitud del capitán Sessle. Ellos también lo habían visto hablando con la mujer de marrón, pero no habían estado lo suficientemente cerca como para verle la cara. Los tres hombres se preguntaron qué le habría podido decir para alterar a su amigo hasta tal punto.

Regresaron juntos al Club House y, hasta donde se supo en aquel momento, fueron las últimas personas en ver con vida al capitán Sessle. Era miércoles y los miércoles se expiden billetes baratos a Londres. El matrimonio que cuidaba el pequeño bungaló del capitán Sessle había ido a la ciudad, según costumbre, y no regresó hasta el tren de medianoche. Entraron al bungaló como de costumbre y supieron —o supusieron— que su amo estaba en su habitación durmiendo. La señora Sessle, su esposa, estaba fuera de visita.

El asesinato del Capitán fue comidilla de nueve días. Nadie pudo sugerir un motivo. La identidad de la mujer alta de marrón se discutió con entusiasmo, pero sin resultado. A la policía se la culpó, como de costumbre, por su indolencia, de manera de todo punto injusta, como el tiempo demostraría. Pues una semana más tarde, una muchacha llamada Doris Evans fue detenida y acusada del asesinato del capitán Anthony Sessle.

La policía había tenido muy poco de dónde agarrarse.

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