estaba cenando con nosotros y, durante la cena, dio la casualidad de que mencionó a su empresa. Mi madre me mandó esta mañana a verles para preguntarles si podrían investigar el asunto por nosotros.
La muchacha habló con mal humor, casi de manera desagradable. Estaba más claro que el agua que ella y su madre no se habían puesto de acuerdo sobre el asunto. Estaba allí a la fuerza.
—Ya veo —dijo Tommy, un poco desconcertado—. ¿No han llamado a la policía?
—No —dijo la señorita Kingston Bruce—, no la hemos llamado. Sería idiota avisar a la policía para luego descubrir que la tonta cosa se había rodado debajo de la