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nydus/Partners in CrimePublic
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I. Una reunión en Londres

Llegó debidamente al Bungalow la tarde en cuestión, y fue recibida por Sessle, que acababa de llegar de los campos de golf. Aunque él se declaró encantado de verla, la chica declaró que desde el primer momento su actitud fue extraña y diferente. Un miedo a medias reconocido brotó en ella, y deseó fervientemente no haber ido.

“Tras una comida sencilla que ya estaba lista y preparada, Sessle sugirió salir a dar un paseo. Al aceptar la muchacha, la sacó de la casa, bajó por el camino y bordeó la «pista» hasta adentrarse en el campo de golf.

Y entonces de repente, justo cuando cruzaban el séptimo tee, pareció volverse completamente loco. Sacando un revólver del bolsillo, lo blandió en el aire, declarando que había llegado al límite de sus fuerzas.

“ —¡Todo debe irse! Estoy arruinado, acabado. Y tú te irás conmigo. Te dispararé primero y luego a mí mismo. En la mañana encontrarán nuestros cuerpos aquí, uno al lado del otro, unidos en la muerte”.

“Y así sucesivamente... mucho más. Tenía cogida a Doris Evans del brazo y ella, dándose cuenta de que se las veía con un loco, hizo esfuerzos frenéticos por soltarse o, a falta de eso, por quitarle el revólver. Forcejearon, y en ese forcejeo debió de arrancarle un mechón de pelo y enredar la lana de su abrigo en un botón.

—Finalmente, con un esfuerzo desesperado, se liberó y corrió despavorida a través del campo de golf, esperando que en cualquier momento la abatieran de un tiro de revólver. Se cayó dos veces —tropezando con el brezo—, pero al final recuperó el camino hacia la estación y se dio cuenta de que no la venían persiguiendo.

“Esa es la historia que cuenta Doris Evans, y de la cual nunca se ha apartado. Niega rotundamente haberle atacado con un alfiler de sombrero en defensa propia —algo bastante natural dadas las circunstancias, sin embargo— y que bien puede ser la verdad. Para

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