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nydus/Partners in CrimePublic
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I

—Qué… —comenzó Tuppence, y se detuvo en seco.

Acababa de entrar en el despacho privado del señor Blunt desde el contiguo marcado con el rótulo de «Oficinistas», y se sorprendió al contemplar a su señor y amo con el ojo clavado en la mirilla privada que daba a la oficina exterior.

—Chitón —dijo Tommy, en tono de advertencia—. ¿No has oído el timbre? Es una chica, bastante simpática, de hecho a mí me parece una chica increíblemente simpática. Albert le está contando toda esa milonga de que estoy ocupado con Scotland Yard.

—Déjame ver —exigió Tuppence.

De mala gana, Tommy se hizo a un lado. Tuppence, a su vez, pegó el ojo a la mirilla.

—No está mal —admitió Tuppence—. Y su ropa es simplemente el último grito.

—Es perfectamente encantadora —dijo Tommy—. Es como esas chicas sobre las que escribe Mason; ya sabes, terriblemente comprensivas, y hermosas, y marcadamente inteligentes sin ser demasiado descaradas. Creo, sí —estoy ciertamente convencido—, que esta mañana seré el gran Hanaud.

—Mjum —dijo Tuppence—. Si hay un detective entre todos los demás al que te pareces lo menos posible, diría que es Hanaud. ¿Puedes hacer los cambios relámpago de personalidad? ¿Puedes ser el gran comediante, el pilluelo de la calle, el amigo serio y comprensivo, todo en cinco minutos?

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