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nydus/Journey to the Center of the EarthPublic
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XXXVII

manta hecha jirones por vela, un palo por mástil y vientos huracanados en nuestras narices? No podemos governar el timón; seremos zarandeados por las tempestades, y seríamos unos necios y unos locos si intentáramos cruzar por segunda vez.

Fui capaz de desarrollar esta serie de razones irrefutables durante diez minutos sin interrupción; no porque el profesor estuviera prestando una atención respetuosa a los argumentos de su sobrino, sino porque era sordo a toda mi elocuencia.

«¡A la balsa!», gritó.

Tal fue su única respuesta. De nada me sirvió suplicar, rogar, enojarme o hacer cualquier otra cosa en señal de oposición; solo habría sido enfrentarse a una voluntad más dura que la roca de granito.

Hans estaba terminando las reparaciones de la balsa. Hubiera podido pensarse que aquel extraño ser adivinaba las intenciones de mi tío. Con unos cuantos trozos más de surturbrand había reequipado nuestra embarcación. Una

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