Positivo y definitivamente desaparecido, como un truco de magia.
No estaba en el brazo del sillón, así que debía de estar en el regazo del señor Hollander. Entonces, después de todo, se había estado moviendo, y no se lo había estado imaginando simplemente. ¡Vaya!, era casi furtivo...
Su perfil estaba vuelto hacia ella. No era una nariz remamada, exactamente, ni retroussé. No podías aplicarle ese término a nada en un hombre, y fuera lo que fuere que él pudiese ser, el señor Hollander era sin duda un hombre.
¡Qué interesante debió de haber sido su vida en el mar! (Ella lo había encasillado definitivamente como marinero).
Las vidas en el mar siempre eran interesantes. Todos los mejores libros coincidían en eso. Uno nunca leía sobre una calle Principal en el océano. Entre las chicas en cada puerto, las peleas y el olor a aire fresco y salobre...
¡Qué desgraciado y patético mequetrefe había sido aquel muchacho en la playa el verano pasado, con sus absurdas observaciones de que el olor a sal no era más que una sarta de trampas para langostas podridas y pescado muerto! Por supuesto que el aire en el mar era salobre. Mar y sal eran sinónimos.
El señor Hollander sí estaba inquieto.
No podía ver exactamente, debido al brazo del sillón que hacía de pantalla, pero sin duda estaba jugando con algo. Diría que estaba dando vueltas a los pulgares, si tuviera la pinta de ser el tipo de hombre que da vueltas a los pulgares, pero no la tenía, así que no era eso.
Miró su reloj de pulsera y vio que las agujas se acercaban a la media hora. Tendría que examinar a su paciente y anotar su pulso en la historia clínica. Qué lástima que el único momento en que uno se sentía realmente cómodo en un sillón mullido fuera aquel en el que tenía que levantarse.