No estaba en la cabeza de Endicott, ni en el armario, ni en el dormitorio, lo cual le pareció extraño. Creía firmemente en la paráfrasis de que, donde está el abrigo, allí yace también el sombrero. Podría buscarlo con más detalle más tarde. Justo en ese momento, lo que tenía mayor importancia era la Prueba A.
El teniente Valcour fue hasta el escritorio, tomó la nota y la estudió.
El lápiz utilizado había sido de mina gruesa, casi un crayón. Y allí, justo frente a sus narices, en una bandeja poco profunda que contenía una variedad de artículos de oficina, había un lápiz con una mina muy gruesa que era casi un crayón.
Copió la nota con él en el reverso de un sobre que sacó de su bolsillo. Comparó el resultado con la escritura a imprenta de la nota. Eran iguales.
Uno empieza, se dijo con suavidad, a preguntarse.