Ha llegado ahora una época en mi relato. Hasta el momento de mi matrimonio, he figurado como un agente activo en los diferentes acontecimientos que he descrito. Después de ese período, y —con una o dos excepciones— a lo largo de todo el año de mi prueba, mi posición cambió con el cambio en mi vida, y pasó a ser pasiva.
Durante este año de intervalo ocurrieron ciertos acontecimientos, algunos de los cuales, en su momento, despertaron mi curiosidad, pero ninguno mi temor; algunos me causaron una decepción temporal, pero ninguno siquiera una sospecha momentánea.
Ahora puedo recordarlos como otros tantos avisos oportunos que traté con una negligencia fatal. En estos acontecimientos es donde se resume verdaderamente la historia del largo año durante el cual esperé para reclamar a mi esposa como mía.
Marcaron el paso del tiempo de manera amplia y significativa; y a ellos debo limitarme ahora, tan exclusivamente como sea posible, en la presente porción de mi relato.
Será primero necesario, sin embargo, que describa cuál fue la naturaleza de mi trato con Margaret durante el periodo de prueba que siguió a nuestro matrimonio.
El afán del señor Sherwin era hacer que mis visitas a North Villa fuesen lo más escasas posible: era evidente que temía las consecuencias de que yo viera a su hija con demasiada frecuencia. Pero en este punto fui lo suficientemente firme en la defensa de mis propios intereses como para doblegar cualquier resistencia por su parte. Le exigí que me concediera el derecho de ver a Margaret todos los días,