La dirección a la que ahora me dirigía me alejaba bastante de la residencia del señor Sherwin, en dirección al populoso vecindario situado en el lado occidental de Edgeware Road.
La casa de la tía de Margaret me fue indicada con bastante claridad, tan pronto hube entrado en la calle donde se encontraba, por el destello de luz de las ventanas, el sonido de la música de baile y el grupo indescriptible de cocheros y antorcheros, con su pequeño séquito de mirones presentes, reunidos ante la puerta.
Era evidentemente una fiesta muy numerosa. Dudé en entrar.
Mis sensaciones no eran las propias de un hombre apto para intercambiar cortesías convencionales con perfectos desconocidos; sentía que reflejaba exteriormente la fiebre de alegría y expectación que llevaba dentro. ¿Podría mantener mi papel asumido de simple amigo de la familia en presencia de Margaret?—¿y en esta noche precisamente, de entre todas las demás? Era mucho más probable que mi comportamiento, si acudía a la fiesta, lo delatara todo ante los reunidos. Decidí deambular por las inmediaciones de la casa hasta las doce y, luego, entrar en el vestíbulo y enviar mi tarjeta al Sr. Mannion, con un recado escrito que indicaba que esperaba abajo para acompañarle a North Villa con Margaret.
Cruzé la calle y volví a mirar la casa desde la acera de enfrente. Luego me detuve un momento, escuchando la música que me llegaba a través de las ventanas, e imaginando las ocupaciones de Margaret en aquel instante.
Tras esto, me alejé y emprendí la marcha hacia el este, sin importarme en qué dirección encaminaba mis pasos.