[Esta carta tiene una fecha posterior en casi nueve años a las que la preceden.] > > Lanreath Cottage, Breconshire. > > Mi estimado amigo: > > Por su última carta veo que duda de si aún recuerdo las circunstancias bajo las cuales le hice cierta promesa hace más de ocho años. Se equivoca: ni una sola de esas circunstancias se ha borrado de mi memoria. Para convencerle de ello, voy a recapitularlas ahora. Convendrá conmigo, supongo, en que no he olvidado nada. > > Después de mi traslado desde Cornualles (¡cómo iba a olvidar la primera vez que vi a Clara y a Ralph junto a mi lecho!), cuando la enfermedad nerviosa que padecí durante tanto tiempo cedió ante la afectuosa devoción de mi familia —ayudada por el incansable ejercicio de su talento—, una de mis primeras inquietudes fue demostrar que sabía apreciar con gratitud sus desvelos por mi bienestar, depositando en usted la misma confianza que consagraría a mis parientes más cercanos y queridos. Desde el momento en que nos conocimos en el hospital, sus servicios me fueron consagrados, a través de no pocas penalidades del alma y del cuerpo, con la delicadeza y la abnegación de un verdadero amigo. Sentía que era de estricta justicia que usted supiera a través de qué pruebas me había visto reducido a la situación en la que me encontró
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Carta III
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