así? Ciertamente, esa también es la historia de siempre. Ya capto cuál es nuestro problema; nos amenaza un escándalo si no la reconoces. ¡Espera un momento! ¿Tienes alguna prueba en contra de ella, además de la tuya?
“Tengo una carta, una carta larga de su cómplice, que contiene la confesión de la culpabilidad de él y de la de ella”.
“Ella seguramente llamará a esa confesión una conspiración. De nada nos sirve, a menos que nos atreviéramos a ir a los tribunales, y no nos atrevemos. Debemos callar el asunto a cualquier precio; o será la muerte de mi padre.
Este es un caso de dinero, tal como pensé que sería. El señor y la señorita Comerciantes tienen un gran surtido de silencio para vender; y debemos comprárselo, sobre el mostrador doméstico, a tanto la yarda.
¿Has estado allí ya, Basil, para preguntar el precio y cerrar el trato?”