Nada se movía todavía en North Villa. Seguí andando, más allá de las últimas casas, hacia los campos londinenses cubiertos de hollín; e intenté pensar en el rumbo que debía seguir para ver a Margaret, y hablar con ella, antes de emprender de nuevo el regreso a casa. Transcurrido más de medio hora, regresé a la plaza, sin plan ni proyecto; pero decidido, no obstante, a salir con la mía.
La verja del jardín de North Villa estaba abierta. Una de las sirvientas de la casa estaba de pie en ella, para respirar aire fresco y mirar a su alrededor, antes de que comenzaran las tareas del día. Me acerqué, decidido a asegurar sus servicios, si el dinero y la persuasión podían lograrlo.
She was young (that was one chance in my favour!)—plump, florid, and evidently not by any means careless about her personal appearance (that gave me another!) As she saw me approaching her, she smiled; and passed her apron hurriedly over her face—carefully polishing it for my inspection, much as a broker polishes a piece of furniture when you stop to look at it.
—¿Estás al servicio del señor Sherwin? —pregunté, al llegar a la verja del jardín.
“De cocinera rasa, señor”, contestó la muchacha, dándose en la cara un último y furioso refregón con el delantal.
“¿Te sorprendería mucho que te pidiera un gran favor?”
—Vaya—de verdad, señor—¡para mí es usted un perfecto desconocido—seguro que no lo sé! Se detuvo, y pasó de frotarse el delantal a frotarse los brazos.
“Espero que no seamos extraños por mucho tiempo. ¿Qué le parece si comienzo nuestra relación diciéndole que se vería más bonita con unas