Envié mi carta en mano, para asegurar su entrega inmediata.
Al escribir esas pocas y sencillas líneas, no tenía sospecha de los importantes resultados que estaban destinados a producir.
Al pensar en el mañana, y en todos los acontecimientos que el mañana pudiera traer consigo, poco pensaba yo de quién sería la voz que me saludaría primero al día siguiente, cuya mano se tendería hacia mí como la mano amiga que ayuda.