justificaron estos cambios diciéndome que ambos habían estado enfermos, de distintas maneras, desde mi partida, descubrí al instante la miserable mentira; supe que se había sacado una ruin ventaja de mi ausencia; que el complot en mi contra avanzaba rápidamente hacia su consumación; y que, a la vista de su víctima, ni siquiera los dos infelices que maquinaban mi deshonra podían reprimir toda manifestación externa de su culpa.
A veces, la figura de la señora Sherwin se me aparecía, pálida y cansada, y luctuosa con una luctuosidad fantasmal. De nuevo la observaba y la escuchaba; pero ahora con ávida curiosidad, con atención contenida. Una vez más, la vi estremecerse cuando los fríos ojos de Mannion se volvieron hacia su rostro; registré la mirada ansiosa e implorante que dirigió a Margaret y a mí; oí su respuesta confusa y reacia cuando le pregunté la causa de su aversión hacia el hombre en quien su marido depositaba