veces me habían tentado a entrar para comprarle regalos, de camino a la casa. Ahí estaba la esquina ruidosa, desprovista de todo adorno en sí misma, pero que en otro tiempo brilló para mí con la arquitectura feérica de un sueño, porque sabía que en aquel sitio había recorrido la mitad de la distancia que separaba mi hogar del suyo. Más adelante, los árboles del parque salían al encuentro: árboles que ninguna descomposición otoñal ni desnudez invernal podían volver sombríos en el tiempo pasado, pues ella y yo habíamos caminado bajo ellos juntos. Y más allá aún, estaba el desvío que conducía desde la larga carretera suburbana hasta Hollyoake Square, el lugar solitario y blanquecino de polvo alrededor del cual mi felicidad pasada y mis esperanzas malogradas habían arrojado sus ilusiones doradas, como joyas colgadas en torno a la tosca imagen de madera de un santo romano. Deshonrado y arruinado, fue entre asociaciones como estas —demasiado cotidianas para haber sido reconocidas por mí en otros tiempos— por las que avancé a lo largo del camino bien recordado hacia North Villa.
Seguí adelante sin vacilar, sin pensar siquiera en volver atrás. Había dicho que el honor de mi familia no debía sufrir por la calamidad que había caído sobre mí; y, mientras me quedara vida, estaba decidido a que nada me impediría cumplir mi palabra. Fue de esta resolución de donde extraje la fe en mí mismo, la confianza en mi resistencia, la calma sostenida bajo la sentencia de exclusión de mi padre, que me dieron fuerzas para seguir adelante. Tendría inevitablemente que ver al señor Sherwin (¡tal vez incluso sufrir la humillación de verla a ella!), tendría inevitablemente que pronunciar tales palabras, revelar tales verdades, que le demostrasen que el engaño era desde entonces inútil. Debía hacer esto y más, debía estar preparado para proteger a la familia a la cual —aunque desterrado de ella— aún pertenecía, de cada conspiración en su contra que el crimen descubierto o la codicia desvergonzada pudieran urdir, ya sea por el deseo de venganza o por la esperanza de lucro. Una tarea ardua, casi imposible; ¡pero, a pesar de todo, una tarea que debía cumplirse!