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nydus/The International Jew, Volume III: Jewish Influences in American LifePublic
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XLVIII. Cómo el Fideicomiso de la Canción Judía te hace cantar

Los estadounidenses en edad adulta recordarán las etapas por las que ha pasado la canción popular durante las últimas tres o cuatro décadas. Las canciones de guerra persistieron tras la Guerra de Secesión y se mezclaron gradualmente con canciones de una época posterior, pintorescas, románticas y limpias.

Estas últimas no eran el producto de fábricas de canciones, sino la creación de individuos cuyos talentos encontraban una expresión natural. Estos individuos no trabajaban para editoriales, sino por la satisfacción de su obra. No se amasaban grandes fortunas con las canciones, pero existían muchas satisfacciones al haber complacido el gusto del público.

El gusto público, como cualquier otro gusto, anhela aquello de lo que más se alimenta. El gusto público es un hábito público. El público es ciego a la fuente de aquello de lo que vive, y se adapta a la oferta. El gusto público se eleva o se degrada a medida que la calidad de su alimento mejora o decae.

En un cuarto de siglo, dados todos los canales de publicidad como el teatro, el cine, la canción popular, la taberna y el periódico —habiendo echado mientras tanto el manto del desprecio sobre todas las agencias morales contrarias—, puedes moldear casi al tipo de público que quieras. Se tarda justo alrededor de un cuarto de siglo en hacer un buen trabajo.

En otros tiempos la gente cantaba como lo hace ahora, pero no de un modo tan abinado ni con tan desconcertante continuidad. Cantaban canciones absurdas, sentimentales y heroicas, pero las canciones «turbias» estaban proscritas. Si es que se llegaban a cantar, las canciones «turbias» se mantenían muy lejos de la sociedad de la gente decente. Al igual que los estilos de la demimonde que antiguamente solo se veían en las zonas abandonadas de las ciudades, las canciones obscenas tenían su confinamiento geográfico,

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