temprano tendrá que ser objeto de debate, y este será mucho más libre cuando la gente comprenda que se trata de un sistema de bancos de propiedad privada, a los que se les han delegado ciertos privilegios extraordinarios, y que ha creado un sistema de clases dentro del mundo bancario que constituye un nuevo orden.
Se recordará que el señor Warburg solo quería un banco central. Pero, debido a consideraciones políticas, como nos dice el profesor Seligman, se decidió por doce.
Un examen de las discusiones impresas del señor Warburg sobre el tema muestra que en un momento consideró cuatro, luego ocho. Finalmente, se establecieron doce.
La razón fue que un solo banco central, que naturalmente se establecería en Nueva York, daría a un país desconfiado la impresión de que no era más que un nuevo plan para mantener el dinero de la nación fluyendo hacia Nueva York.
Como lo demostró el profesor Seligman, citado en el número anterior, el señor Warburg no era adverso a conceder cualquier cosa que calmara la sospecha popular sin viciar el plan real.
Así, mientras admitía ante los senadores que lo examinaron sobre su idoneidad para formar parte de la Junta de la Reserva Federal —la junta que establecía las políticas de los bancos del Sistema de la Reserva Federal y les indicaba qué hacer— que no le agradaba la idea de los 12 bancos de distrito, afirmó que sus objeciones a esta podían «superarse de manera administrativa».
Es decir, los 12 bancos podían manejarse de tal forma que el efecto fuera el mismo que si existiera un único banco central, presumiblemente en Nueva York.