los cabezas calientes entre los judíos y los musulmanes incitaban al disturbio, y en su barrio las bandas entrenadas judías se preparaban para el conflicto, una preparación de la que los musulmanes, por vieja costumbre, probablemente no tenían necesidad.
En la mañana de Pascua de 1920, los musulmanes fanáticos de Hebrón llegaron a la puerta de Jaffa con su estandarte sagrado, cantando sus cánticos de intolerancia religiosa.
Allí numerosos judíos los esperaban para recibirlos. Los Tommies ingleses con sus oficiales estaban todos en la iglesia. Cuyos insultos fueron peores y quién dio el primer golpe no está claro. La batalla no tardó en desatarse. Los judíos estaban mejor armados, con pistolas frente a los cuchillos musulmanes; pero los musulmanes eran mejores combatientes.
La ciudad amurallada cayó rápidamente en sus manos. Los judíos que vivían allí eran las familias sefardíes de antaño, que moraban apiñadas en barrios bajos miserables, sin simpatía alguna por el sionismo, pacíficos y totalmente indefensos. La furia musulmana se descargó sobre estos pobres desdichados.