Tenía la intención de desacreditar a la Comisión Nacional bajo el amparo de la podredumbre que se había descubierto entre los apostadores judíos y los venales jugadores de Chicago. Fue principalmente una jugada anti-Johnson y nada más, y estuvo encabezada por un judío cuyos principales seguidores eran el grupo, en rápido aumento, de controladores judíos del béisbol estadounidense. Lo que tienen contra Ban B. Johnson, los investigadores imparciales no han podido descubrirlo. La principal característica del Sr. Johnson, en lo que respecta al bando judío, ha sido su enemistad implacable hacia la deshonestidad de cualquier tipo. Eso no debería ser una descalificación si se quiere salvar el béisbol. Sin embargo, el «Plan Lasker», concebido por judíos, nombrado por judíos y defendido por judíos, resultó triunfador.
Carl Zork, el judío de San Luis que fue procesado, es descrito de diversas maneras como fabricante de camisas y corredor de seda.
No hay variaciones, sin embargo, en su descripción como jugador. Es parte de la red nacional judía de jugadores que actúa a escala nacional y hace «agostos» a escala nacional.
Se debe observar que los principales abusos judíos se extienden por toda la nación. Esto quedó demostrado en la investigación del Gobierno de los Estados Unidos sobre el tráfico de blancas; el negocio del contrabando de alcohol es de carácter nacional; al igual que las apuestas en hipódromos; las quinielas de béisbol también constituyen una red nacional para atrapar a «ingenuos».
No hay nada extraño, por lo tanto, en que un fabricante de camisas de San Luis, un comerciante de caballos de East St. Louis y un contrabandista de Albany —junto con astutos peces gordos y desclasados sin esperanza— estén todos implicados en un escándalo de béisbol que estalla en Chicago. En realidad, todos forman parte de un grupo nacional.