con su ejército británico, Arthur James Balfour, el secretario de Estado para Asuntos Exteriores británico, emitió la famosa declaración en la que aprobaba a Palestina como un hogar nacional para el pueblo judío.
“The wording of it came from the British foreign office, but the text had been revised in the Zionist offices in America as well as in England. The British declaration was made in the form in which the Zionists desired it, and the last clauses were added in order to appease a certain section of timid anti-Zionist opinion.” (Guide to Zionism, pages 85–86.)
Ahora, por favor, lea la declaración y observe las cláusulas en cursiva a las que se acaba de hacer referencia:
«El Gobierno de Su Majestad ve con agrado el establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío y hará todo lo posible para facilitar el logro de este objetivo, entendiéndose claramente que no se hará nada que pueda perjudicar los derechos civiles y religiosos de las comunidades no judías en Palestina, ni los derechos y el estatus político de que disfrutan los judíos en cualquier otro país.»
El sionismo es de particular interés, no meramente por las disputas que han surgido entre los líderes a causa del dinero —es la guerra del «interés» contra el «capital»—, sino también por la luz que arroja sobre los dos grandes ejércitos de judíos en el mundo, la forma en que usan su poder donde pueden y los problemas en los que siempre se ven envueltas las naciones que se convierten en instrumentos judíos.
A veces se pregunta por qué la judería, que es capitalista, ha de favorecer al bolchevismo, que es el declarado enemigo del capital. Es una pregunta interesante. ¿Por qué un financiero judío de Nueva York, un alto cargo del gobierno de los Estados Unidos, ha de ayudar a financiar una publicación «roja» que ni siquiera nuestro tolerante gobierno puede digerir?