Eso fue terrible. Tan terrible que escogieron a Herman Bernstein para administrar el castigo.
Y el señor Wilson hizo la debida reparación:
“Mi querido Sr. Bernstein:
Lamento que haya podido haber alguna implicación injusta en lo que dije en la inauguración de la American University. Puede estar seguro de que no había nada de eso en mi mente, o con toda certeza nada en mis pensamientos que pudiera discriminar en el asunto importante del que habla en contra del judaísmo.
Encuentro que uno de los riesgos y castigos de hablar de manera improvisada es que uno no se detiene a considerar todo el campo, sino que se dirige meramente al asunto que tiene entre manos.
Con sincera consideración y aprecio,
El titular que se dio a este aviso en la prensa judía fue: «No era su intención».
Todas las ofensas del presidente tuvieron lugar en 1914. La segunda ofensa