Hay hombres en los Estados Unidos que dicen que el béisbol ha recibido una herida mortal y está desapareciendo lentamente de la lista de los deportes respetables.
Hay otros hombres que dicen que el béisbol estadounidense puede salvarse si se hace una limpieza radical de la influencia judía que acaba de arrastrarlo a través de un período de amarga vergüenza y desmoralización.
Ya sea que el béisbol como deporte de primera categoría muera y sobreviva únicamente como un entretenimiento de feria, o que el béisbol posea el carácter intrínseco suficiente para levantarse con justa ira y expulsar el peligro que lo amenaza, seguirá siendo un asunto de diversas opiniones.
Pero hay una certeza, a saber, que el último y más peligroso golpe propinado al béisbol resultó curiosamente notable por su carácter judío.
Sin embargo, solo los judíos de menor rango fueron procesados. Inevitablemente, los nombres de otros judíos aparecieron en las crónicas de prensa, y la gente se preguntaba quiénes eran. Un juez judío presidió las sesiones. Abogados judíos destacaron en ambos bandos de los casos. Numerosas cosas extrañas sucedieron.
Pero lo más extraños de todo es el hecho de que, aunque los aficionados estadounidenses sintieron que algo trascendental había sucedido en el béisbol, pocos saben realmente qué es.