Hay más bolcheviques en los Estados Unidos que en la Rusia soviética. Su objetivo es el mismo y su carácter racial es el mismo. Si no son capaces de hacer aquí lo que han hecho allá, se debe a la mayor difusión de información, al mayor grado de inteligencia y a la más amplia diseminación de los organismos de la autoridad gubernamental que los que existen en la infeliz Rusia.
El centro neurálgico de la influencia y la propaganda bolchevique en los Estados Unidos se encuentra en los sindicatos judíos que, casi sin excepción, se adhieren a un programa bolchevique para sus respectivas industrias y para el país en su conjunto.
Este hecho está resultando sumamente vergonzoso para los líderes judíos en el momento presente. Ya es bastante malo que el bolchevismo ruso sea tan predominantemente judío, pero enfrentarse a la misma situación en los Estados Unidos es una doble carga de la que los líderes judíos no saben cómo deshacerse.
Sin embargo, es difícil ver cómo se puede absolver al judío internacional ya sea de la necesidad de enfrentarse a ello, o de la necesidad de cargar con la responsabilidad exclusiva de ello. El bolchevismo ruso salió del East Side de Nueva York, donde fue fomentado por el estímulo —el estímulo religioso, moral y financiero— de líderes judíos. León Trotsky (Braunstein) era del East Side. Si fue o no miembro de la Kehillah de Nueva York no se sabe. Pero las fuerzas que fomentaron lo que