párrafo se debatió si The Dearborn Independent debía publicar lo que Mary le responde a su madre. Se argumentó que imprimir las palabras podría dar un golpe salutífero a los lectores escépticos. También se argumentó que las páginas de este periódico jamás habían sido mancilladas por la obscenidad. Las palabras de Mary, cantadas a los cuatro vientos por todo el país, por lo tanto, no se dan aquí).
Los lectores deberían reservarse los comentarios hasta que busquen entre los montículos de basura musical de idiotas en sus propios salones. Los lectores han escuchado cosas mucho peores que las palabras de Mary, pero cubiertas por «jazz» yidis.
Hace falta la fría letra de imprenta para mostrar cómo es realmente una canción. Una buena prueba para una canción es intentar leerla en voz alta. Pocas personas normales pueden hacerlo.
“O-Hi-O”, tal como lo cantaban los comediantes yidis, tiene un tufo muy particular. Puede que se comente más extensamente más adelante como un ejemplo de la práctica yidis de tener tres versiones de la misma canción para satisfacer distintos grados de apetitos degenerados.
Tales canciones no son las peores, ni mucho menos. Los mercaderes judíos de apetitos degenerados tienen un sistema peculiarmente diabólico para presentar la misma canción en dos o tres grados. Está la canción tal como se vende en la tienda de música a jóvenes atolondrados y atolondradas que llenan su ocio oyendo o tarareando esta senilidad sincopada, jóvenes que se imaginan lastimosamente que están al día. Las canciones así vendidas y cantadas están bastante podridas. Pero está la misma canción, Clase 2. El tema y la melodía son los mismos, pero va «un poco más allá». Hay un verso o dos en cada estrofa que desciende incluso por debajo del bajo estándar que el «jazz» judío ha permitido en algunos de nuestros salones. Y luego está la Clase 3: mismo tema, misma melodía, pero «llegando hasta el límite».