Hace aproximadamente un año apareció el siguiente artículo en el New York Times, un periódico que nunca ha sido acusado de antisemitismo y cuyo propietario es uno de los judíos más conocidos de los Estados Unidos:
“Irving Berlin, Leo Feist y otros directivos de siete corporaciones editoriales de música en esta ciudad fueron acusados de violar la ley antimonopolio Sherman en una demanda civil presentada ayer en el Tribunal de Distrito Federal por el Gobierno de los Estados Unidos. Se alegaba que los acusados controlaban el 80 por ciento de las canciones protegidas por derechos de autor disponibles y utilizadas por los fabricantes de fonógrafos, rollos para pianolas y otros instrumentos de reproducción musical, y fijaban los precios a los que los discos o rollos debían venderse al público....
“Las corporaciones implicadas en la demanda eran la Consolidated Music Corporation, 144 West Thirty-seventh street; Irving Berlin, Inc., 1567 Broadway; Leo Feist, Inc., 231 West Fortieth street; T. B. Harms, Francis, Day and Hunter, Inc., 62 West Forty-fifth street; Shapiro, Bernstein & Company, 218 West Forty-seventh street; Watterson, Berlin & Snyder, Inc., 1571 Broadway, y M. Witmark & Sons, Inc., 144 West Thirty-seventh street.
“Se alega que el acuerdo que el gobierno busca disolver estipula que los demandados celebrarían contratos únicamente a través de la Consolidated Music Corporation que habían organizado....”
Muchos se han preguntado de dónde proceden las olas y olas de babaza musical que invaden los salones decentes y hacen que los jóvenes de esta