¿Dónde está entonces el prejuicio religioso? Buscad en las publicaciones de todas las iglesias nombradas, y no podréis encontrar en toda su historia tanto espíritu de prejuicio y persecución como el que se puede encontrar expresado en la prensa judía en un solo día.
El judaísmo apesta a semejante prejuicio. En la política, la educación, las funciones sociales, los días festivos, la literatura y los periódicos, ven por todas partes vestigios de «manifestaciones cristológicas» y los denuncian a gritos.
- Ningún hombre público ha dado jamás prueba pública de su fe cristiana sin recibir reprensión de los judíos.
Mr. Bryan, Mr. Marshall, Mr. Taft, Mr. Wilson, dos de ellos presidentes, uno de ellos vicepresidente y el otro secretario de Estado, han sido reprendidos de vez en cuando por sus pecados a este respecto.
Mr. Marshall es un hombre devoto, cuya fe es real para él, y habla de ella con mucha naturalidad a veces. Por lo tanto, ha sido atacado con más frecuencia en la prensa judía que cualquier otro hombre público de los últimos tiempos.
Nada resulta más ridículo para la prensa judía que un vicepresidente de los Estados Unidos confesando abiertamente que es un «idólatra», es decir, un adorador del impostor judío muerto al que los cristianos llaman ignorante «Cristo».
Sea en honor de Mr. Marshall decir que nunca se disculpó, que nunca suplicó retirar sus declaraciones públicas.